Valle y la bohemia madrileña
Con ecos del Modernismo, ideas ácratas y mucho esteticismo que recuerda al dandismo de los bohemios franceses, un grupo de intelectuales de la época se reunían en los cafés madrileños y llevaban la vida y la jerga tabernaria a los papeles. Eran proletarios del arte con “una forma espiritual de aristocracia, de protesta contra la ramplonería estatuída”, en palabras del coetáneo Emilio Carreter.
Los Valle-Inclán, Alejandro Sawa (de quien es trasunto el Max Estrella de Luces de Bohemia) o Ernesto Bark habitaban las calles del centro de Madrid. En el Café de la Montaña, en los bajos del Hotel París en la Puerta del Sol Valle tuvo un conato de pelea con el editor Ruíz Castillo que le costó semanas después la amputación de una mano por gangrena. Por los aledaños de la Gran Vía deambulaba Sawa, por el madrid “Absurdo, brillante y hambriento” de Luces de Bohemia que en palabras de Umbral es “expresión del Valle más exasperado en su crónica de la Bohemia”.
Sigue desde entonces utilizándose el apelativo de bohemio para todos los intelectuales callejeros de cualquier pelaje, pero aquella generación fue la genuina, la que le dio nombre a una actitud y seguramente la única que paseo por nuestras calles la bohemia de manera natural.















