Asia espiritual y mundana
Una de las imágenes de la muestra de Roser Villalonga
Los últimos años el Asia más mística en el imaginario occidental ha sido objeto de un interés renovado por motivos que escapan a los templos milenarios. La consigna política “Free Tibet” o la adoración plástica por Bollywood han puesto de nuevo en el mapa de la atención mediática a Tibet y a la India. En este momento coexisten dos exposiciones en la calle Alcalá que inciden en la moda desde ópticas muy distintas.
En el Centro Cultural Blanquerna (Alcalá 44) hay expuestas hasta el 18 de Abril un conjunto de fotografías en blanco y negro de Roser Villalonga bajo el el título “Tíbet en el corazón”. Se trata de una serie que plasma las condiciones de vida de los refugiados tibetanos en India y Nepal, y aunque se trata de fotografías tomadas con buen pulso el principal valor es la denuncia. En cada una de las imágenes se encuentra autografiado un mensaje de un personaje de la vida pública española. A saber: Penélope Cruz, Luis Eduardo Aute, Raimon Panikkar, la baronesa Thyssen…
La exposición encuentra en Blanquerna un rincón (nunca mejor dicho por sus reducidas dimensiones) junto a otra muestra, bajando las escaleras de la librería. Es una exposición pequeña, pensada más como complemento del Centro Cultural que como acontecimiento.
Cruzando la calle, en un espacio tan poco conocido por el público como idóneo para exposiciones (la Sala de Exposiciones de la Consejería de Cultura en Alcalá 31) se encuentra “Cultura popular india…y más allá: cismas (emergentes) jamás contados”, título hipertrofiado para una interesante muestra de la cultura popular india de los siglos XIX y XX. El visitante reconoce inmediatamente las constantes coloristas y sensuales de la imagen mediática de la India. Los nuevos medios artísticos de estas dos centurias – xilografía, fotografía o cine – calaron rápidamente en la sociedad urbana de la India, confundiéndose en nuestra percepción de “lo indio” las incorporaciones de su cultura y las influencias occidentales en el país surasiático. La exposición supone un excelente apoyo para intentear decantar estas confluencias y escapar un poco de los estereotipos.
Si hubiera que ponerle alguna pega a la musealización serían las proyecciones que salpican el recorrido: están descontextualizadas y no invitan a mostrarle atención. Por lo demás una buena ocasión para conocer hasta el 24 de mayo las fotografías pintadas de Ravi Varma, las cromolitografías editadas en el XIX por el Calcuta Art Studio o discernir el gusto estético del siglo XX indio a través de las hojas de calendario.















