Weegee: historias en una mueca
Hasta el 17 de mayo podemos asistir en La Fundación Telefónica (Gran Vía 28) a una exposición de la obra fotográfica de Arthur Fellig, más conocido como Weegee. Las 280 fotos expuestas pertenecen a la colección privada de los suizos Michel y Michèle Auer y muestran escenas de la vida cotidiana del Nueva York de los años treinta y cuarenta.
La sala de la tercera planta de la Fundación Telefónica es adecuada para una exposición de fotografía realista: blanca, amplia, sin adorno alguno. Los protagonistas están dentro de las fotos y en la calle Gran Vía, a dónde puedes asomarte desde los ventanales de la estancia.
Las fotografías de Weegee nos recuerdan estampas de Nueva York que el cine ha grabado en nuestro imaginario pero captan la humanidad de tal manera que hacen de sus protagonistas (Weegee básicamente es un fotógrafo de gente) cuentan toda una historia con un gesto. Los nombres de las fotografías refuerzan estos cuentos estáticos con estilo de pie de foto. Todos reconocemos al policía de las películas de cine negro, o a los niños duchándose en las calles calurosas con una manguera, pero los protagonistas de estas fotografías lanzan al espectador toda una historia personal desde su gesto congelado.
Parece todo un acierto el que la exposición no tenga un recorrido con un principio y un final. Ya que la ordenación no es cronológica sino temática es mejor perderse entre los paneles de gente durmiendo en la calle, gente en escenas de crímenes, gente de Harlem, gente famosa, gente desnuda, gente en un incendio, gente del circo… Gente.
Más información en la página de la exposición.
Arthur Fellig, un mirón oportunista
Cómo suele suceder con algunos de los mejores exponentes de la cultura estadounidense del siglo XX Fellig nació fuera de las fronteras de USA. No podía ser presidente de los Estados Unidos pero podía contar al mundo el relato de las calles de la nación.
Weegee nació en Ucrania y llegó a Estados Unidos siendo un niño, dónde desde muy pronto se dedicó a fotografiar Nueva York: en un parque retratando transeúntes por unas monedas, como copiador en el New York Times y por fin en la agencia periodística Acme, dónde empezó a conocérsele como Weegee, porque es así como se pronuncia Guija, el tablero espiritista con el que se anticipa el futuro.
Pero no era magia lo que utilizaba Fellig para llegar el primero a la escena del crimen sino una estación de radio con la que escuchaba a la policía constantemente desde su coche. Así es cómo Weegee se convirtió en el mejor reportero de sucesos de la ciudad y como empezó a frecuentar los cuarteles de policía y los bajos fondos en busca de la noticia.
En los años cuarenta empezó a vender libros y a exponer, y en 1946 abandonó el fotoperiodismo y se trasladó a Hollywood, dónde se dedicó sin mucho éxito a la actuación y con algo mejor fortuna a fotografiar a las estrellas del momento. No es esta sin embargo la mejor etapa de su fotografía.
Weegee muere en 1968 habiendo publicado antes una autobiografía. Le han comparado con Rembrandt por su utilización de la luz (a base de flash) pero Weegee era sobre todo un artista de la realidad, un mirón con tino para las fotos.
















