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  • Calle de la Bola, donde los tres cocidos a diario

    11 Mayo 2009 escrito por Luis de la Cruz 

    la-bolaLa calle, entre las zonas de Oriente y Santo Domingo transcurre con cierta tranquilidad aristocrática desde los jardines del Cabo Noval hasta la plaza de Santo Domingo, en cuyas inmediaciones se contagia algo del ajetreo plebeyo de la misma.

    ¿De dónde viene su nombre?

    El nombre de la calle queda bien explicado en la placa: parece ser que en esta vía se practicaba un juego similar a los bolos. Como casi todas, la calle ha tenido otros nombres, como de la Encarnación, por la cercanía de dicho convento, o Malcampo durante la revolución de 1968, por ser este el nombre de uno de sus generales. Bien podría también haberse llamado también de Menéndez Valdés o Ramón Gómez de la Serna, que fueron ilustres vecinos de La Bola, pero pudo más el recuerdo popular del juego, del que queda constancia también por la bola que cuelga de una escarpia en el popular restaurante expendedor de cocido madrileño de idéntico nombre.

    La calle desde antaño hasta hoy

    Varias de las fincas han sido rehabilitadas guardando su aspecto primigenio y alguno de lo portales esconden patios interiores preciosos a los que merece la pena asomarse. Aunque la entrada principal está por la vecina Guillermo Rolland, en La Bola está también el edificio de ladrillo que alberga la Escuela Superior de Conservación y Restauración de Bienes Culturales.

    Enrique, gran conocedor de la vía

    Enrique, gran conocedor de la vía

    Según nos cuenta Enrique, portero de una de las fincas de aspecto más aristocrático de la calle el edificio (contiene una gran estatua de Laoconte en el portal) “se quemó unas cuantas veces, en él se metían los drogatas y aunque no hacían nada ahora que está ahí la escuela está mejor”.

    Enrique lleva mucho tiempo en la calle, ha perdido la cuenta de las veces que han levantado el pavimento y cuenta que en el restaurante de la esquina con Santo Domingo hubo una pescadería y, un poco más abajo, una imprenta.

    Las que sí llevan la tira de años con los vecinos son las dos tabernas calle arriba, el Mollete y la Bola, esta última fundada en 1802. A partir de 1873 empezó a elaborarse allí su famoso cocido, que por aquellos años se servía en tres modalidades: a las doce el barato para obreros y empleados; a la una ya tenía gallina y acudían los estudiantes; a las dos el caro, para políticos y periodistas (éste tenía ya carne y cocido).

    En la acera contraria uno puede poniéndose en cuclillas o acercándose a la entrada de un garage ver un bonito patio, singular remanso de paz en el centro de Madrid. Según cuenta Enrique, pertenecía a un colegio privado ahora cerrado: en su día “se metieron, los okupas, hay quien dice que pertenece al hotel de detrás pero la realidad es que desde hace años permanece cerrado. Y es una pena”.

    → ¿Vives o trabajas en la Bola? Cuéntanos cómo es

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