Trampantojos, juegos visuales para engañar a la vista en el centro
Trampantojo de Montera | LUIS DE LA CRUZ
La historia de la arquitectura madrileña es una historia de continuos derribos. Desde Carlos III – y aún antes – a esta parte las obras son ingrediente fundamental de nuestras quejas de desayuno, y debido a los continuos reajustes muchos son los muros medianeros que han quedado al descubierto afeando el horizonte de balcones madrileños.
Haciendo de la necesidad virtud algunos han servido de lienzo a artistas, como ya vimos en la Plaza de Puerta Cerrada.
Una modalidad de pintura en las fachadas muy curiosa es la del trampantojo (“trampa para el ojo”), que consiste en simular pictóricamente una fachada o un tramo de calle. En Madrid abundan estas soluciones, el barrio de La Latina es prolijo en ellas, y alguno se encuentra también en el centro.
Calle de la Montera. Lo que el graffiti se llevó por delante.
Frente a frente tenemos en Montera dos de los trampantojos más conocidos de Madrid, ambos de Alberto Pirrongelli. Uno de ellos, el que nos topamos bajando hacia Sol, ha perdido la parte de abajo, cubierta de pintura para tapar las pintadas que lo ensuciaban, con lo que se ha desaparecido el efecto de perspectiva más importante que creaba una escalera.
Capilla del Milagro del monasterio de las Descalzas. Esto no empezó en el siglo XX
Por moderna que parezca, la técnica del trampantojo es muy antigua, y a menudo se ha utilizado en Iglesias para hacer falsas cúpulas o decorar frentes. Aunque sus primeros usos datan de la antigüedad, el Barroco fue su etapa de esplendor. Un ejemplo de esta modalidad de trampantojos “bajo techo” lo encontramos en la Capilla del Milagro del Monasterio de las Descalzas, no visible por estar en la parte de clausura. En la página de Amigos del Foro leemos:
“Toda la capilla está decorada de forma ilusionista al trampantojo. Hasta la puerta de entrada pretende engañar, es de madera pero simula una reja de bronce dorado. Las dos estancias, la antecapilla y la capilla propiamente dicha están decoradas con maravillosas pinturas de arquitecturas fingidas y falsas esculturas”.
Elementos sueltos. Algo menos ambicioso.
Es fácil toparse en Madrid con fachadas de “quiero y no puedo” que se complementan con elementos arquitectónicos pintados. Aunque los ejemplos son innumerables pondremos dos.
Las pinturas Mingote en la calle de la Sal
Saliendo de la Plaza Mayor por la calle de la Sal, en la intersección con la calle Postas y frente a la célebre Posada del Peine encontramos un edificio rico en elementos arquitectónico fingidos. Lo mismo sucede en la calle Bordadores, frente a San Ginés, aunque los falsos pilares de esta fachada no son precisamente de los mejor resueltos en la capital.
Superando el realismo.
Durante el siglo XX el realismo de la pintura se vio superado por otras formas de representación, hasta tal punto que incluso en el trampantojo, extremo de la utilización realista de la pintura, ha cedido ante la tentación. Volviendo a la calle de la Sal encontramos a los inconfundibles personajes de Mingote asomados a balcones pintados, y en la Plaza del Comandante de las Morenas, bien visible desde Mayor, encontramos un trampantojo enorme de concepto mucho más geométrico que por ejemplo los de Montera.
¿Conoces algún trampantojo más en el Centro de Madrid?
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- Las pinturas Mingote en la calle de la Sal | LUIS DE LA CRUZ
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- Elementos arquitectónicos simulados | LUIS DE LA CRUZ


















