Plaza de la Encarnación, donde se licua la sangre

El convento preside la plaza |L.C.
En la plaza de la Encarnación coinciden un montón de callecitas tranquilas del Madrid antiguo que trasladan a este rincón su ambiente sosegado, incitante al paseo. La calle de la Bola, Arrieta, San Quintín y la de la Encarnación.
El nombre y la historia
El nombre de la plaza lo ha heredado de su edificio más importante, el Real Monasterio de la Encarnación, que fue mandado construir en 1611 por la reina Margarita, esposa de Felipe III, para conmemorar un hecho triste: la expulsión de los moriscos por parte de su marido.
En aquellos momentos los monasterios y conventos eran morada de gentes nobles y sitios de mucha presencia social en la corte, de manera que se eligió para su edificación una ubicación cercana al alcázar. El mismo rey colocó la primera piedra y hubo una gran fiesta en su inauguración.
El primer arquitecto del monasterio –conocido por los madrileños como las Margaritas- fue Juan Gómez de Mora y de entonces se conserva la fachada principal, aunque en el XVIII Ventura Rodríguez reformó el interior. En 1842 fue en parte demolido y posteriormente levantado de nuevo.
Un Lope de Vega fundido en bronce en 1902 vigila la zona. La estatua, de Mateo Inurria, estuvo hasta 1967 en la plaza de Rubén Darío.
Una ¿sangre? que se licua
Si por algo es conocido el convento en la actualidad es por el famoso “milagro” de la licuefacción. Detrás del retablo de la iglesia del monasterio se guarda desde el XVII, en un relicario, una ampolla de cristal con algo que supuestamente es la sangre coagulada de San Pantaleón. El contenido de la ampolla se empieza a licuar en la víspera de cada 27 de julio (día del santo) en un proceso lento que duda unas 48 horas. Hasta 1993 la ampolla pasaba de mano en mano para que los fieles la besaran pero ese año a punto estuvo de caer la reliquia al suelo y últimamente – para que luego digan que la Iglesia no se moderniza – se puede seguir el proceso por una televisión.
Hay quien dice que la sangre ha cumplido escrupulosamente con su obligación anual de la licuefacción, aunque otras versiones hablan de que puntualmente el fenómeno no se ha dado, y justamente han sido años malditos, coincidentes con acontecimientos nefastos como el comienzo de la Primera Guerra Mundial o nuestra guerra civil.
Aunque la Iglesia católica no se ha pronunciado nunca sobre el supuesto milagro, este tipo de fenómenos se repiten en varios lugares del mundo, especialmente en Nápoles, de donde se cree puede provenir la sangre de San Pantaleón. Allí los fluidos de los santos se licuan frecuentemente (el más conocido es el caso de San Genaro pero hay unos cuantos casos más). Hay quien le da explicaciones científicas que tienen que ver con el movimiento de la ampolla (tixotropía se llama a este fenómeno) o con las variaciones de temperatura al sacarla del relicario. En cualquier caso la iglesia nunca ha accedido a que se haga un análisis del contenido real para esclarecer la naturaleza del fenómeno.
…y la plaza ahora

Un problema de Madrid no tan nuevo | L.C.
No es la plaza de la Encarnación una zona comercial, más bien un pequeño oasis verde de tranquilidad para paseantes enamorados y dueños de perros. Existe eso sí, un espacio gastronómico, una tienda de cocina, Alambique, donde además se imparten numerosos cursos para los amantes de la cuchara de palo.
Aunque la plaza es un sitio recoleto y clásico algún artista urbano no ha resistido la tentación de dejar en ella, junto a la estatua de Lope, su personal sello, una intervención urbana en forma de cartel que contrasta con el antiguo letrero que advierte al personal “que se prohibe hacer aguas”.
Actualmente el Monasterio de la Encarnación tiene una parte de museo dependiente de Patrimonio en la que se pueden contemplar de martes a sábado sus tesoros. Las monjas de clausura, por supuesto, están aparte.















Tenía un profesor en la universidad que nos hablaba de sus batallitas de joven juntaletras intentando averiguar el secreto de la sangre de san pantaleón. No tenía ni idea de que fuera en esa iglesia, lugar por el que suelo pasar, habrá que ir el 27.