Caños del Peral, antes lugar de fuentes y ahora de sexo
Jesús Cortés |L.C
Caños del Peral es la calle que va desde la Plaza de Isabel II (Plaza de Ópera) hasta la Costanilla de los Ángeles.
En la zona siempre corrió el agua. El nombre lo toma de dos famosos caños que surtían de agua los baños públicos que desde tiempos de los árabes había fuera de la Puerta de Balnadú. De hecho, durante años la zona entera, poco urbanizada, fue conocida como Caños del Peral. Estos baños, según se dice, los mandó derribar Alfonso VIII porque pensaba que si sus soldados se aseaban menos serían más aguerridos en la batalla. Que el agua no era cosa de hombres, vaya.
Otra versión más creíble cuenta que se destruyó cuando se hizo la quinta de recreo conocida como la Huerta de la Reina. Las aguas se utilizarían entonces para regar sus jardines.
Las aguas que por aquí pasaban provenían de la laguna de Luján, que hoy estaría debajo de la Plaza Mayor, y de otros arroyuelos que bajarían por la propia calle de Caños del Peral y otras cercanas como la de la Priora. El más conocido de ellos era el arroyo del Arenal de San Ginés, que corría por Arenal paralelo a la muralla y rodeaba el alcázar camino del Manzanares.
La fuente descansa bajo la tierra
Pero la fuente más importante históricamente de las que allí hubo es ya una fuente de cierta prestancia que llega con la capitalidad de Madrid. Entonces, hacia 1565, Felipe II mandó construirla, y le hizo el encargo a Juan Bautista de Toledo, que había trabajado en Italia nada más y nada menos que con Miguel Ángel. En el siglo siguiente la colosal fuente fue reformada y a esa morfología de siete caños deben corresponder los restos que de ella quedan.
En 2008, al comienzo de las obras de remodelación de la plaza de Isabel II y del metro de Ópera se hallaron los restos de la fuente junto a otros de la muralla cristiana de Madrid. Ambas cosas eran ya bien conocidas, las murallas están ahí y la fuente también.
No pocos vecinos, profesionales y aficionados a la historia creen que la ocasión para desenterrar la fuente más antigua de Madrid no debería desaprovecharse. La pelota está ahora en el tejado de la la Consejería de Cultura.
Sobre el viejo lavadero, en la plaza y como antecedente directo del Teatro Real estuvo en el XVIII también el Coliseo de Caños del Peral.
…Y la calle hoy
En la calle hay varios clubes de alterne |L.C.
A nadie se le escapa que la calle actualmente está repleta de bares de alterne, no menos de cuatro en su primer tramo, aunque Roque, un vecino de la zona nos cuenta que “las chicas no traen demasiados problemas, todo sucede de puertas para adentro”, aunque algunos vecinos tienen una visión más reticente sobre el tema. Ángeles, que exhibe orgullosa su condición de madrileña de toda la vida cree que “ya son demasiados años de indecencia en la zona”.
La vista de Caños de Peral conduce irremediablemente a las obras de la Plaza de Isabel II, que “parecen interminables”- nos cuenta Roque, la misma donde están los restos de la fuente que la nombra.
Además de los locales de alterne están ubicados en la calle una peluquería, un par de restaurantes, una tienda “de chinos” o un moderno videoclub, la Devedeteca, que congrega a cinéfilos de todo Madrid.
Sobre todos los escaparates destaca el taller de encuadernación de Jesús Cortés, a través de cuyos cristales se puede ver aún auténtico trabajo artesano. El taller original, de Tomás Alonso Chubieco, se fundó en 1905 en la calle Mesonero Romanos, pero desde 1925 la casa está situada en Caños del Peral. Jesús Cortés era el encargado a la muerte de la viuda de Tomás Alonso, se hizo cargo del mismo en 1973 y allí sigue, ayudado en la actualidad por su hijo Óscar.
Lo que tiene el centro de Madrid es que uno puede caminar en muy pocos metros sobre una fuente del XVI, entre ediciones de libros valiosamente encuadernados o en compañía de mujeres de vida alegre.
















Cierto, una calle con mucho encanto