Cien días en la calle con su hijo en coma para pedir justicia
Antonio y Juana cuentan su historia decenas de veces al día. La explican a todo el que para ante su templete de dos tiendas de campaña instalado en Jacinto Benavente y quiere escuchar. Pero por mucho que la repitan, no pueden evitar que se les encoja la garganta cuando cuentan la razon por la cual llevan cien días viviendo en la calle, en pleno centro de Madrid.
“Exigimos justicia”, es lo que más remarcan. “Justicia” para Antonio Meño Ortega, su hijo de 41 años que lleva los últimos 20 en estado de coma vigil y que les acompaña, ausente, en su protesta. Un error médico le dejó postrado en 1989, cuando un anestesista le retiró la intubación después de una operación de nariz. Antonio vomitó y se ahogó. Los padres llevaron al médico y al hospital a juicio, pero en 1993 la Audiencia Provincial les eximió de toda culpa.
Entonces, Antonio y Juana recurrieron a la vía civil y volvieron a perder el caso, pero esta vez fueron condenados a pagar las costas del juicio de todas las partes: 400.000 euros. Una cantidad que no pueden asumir y por la que han embargado sus bienes, incluida su casa de Móstoles.
Indignados y desesperados por la situación, el pasado 17 de junio cogieron sus cosas, dos tiendas de campaña y se echaron a la calle con su hijo. Se instalaron ante el Ministerio de Justicia, en la plaza de Jacinto Benavente, y comenzaron a pedir firmas para que el Comité de Derechos Humanos de la ONU, la última instancia a la que pueden recurrir, les haga caso.
Este martes, por la mañana, el matrimonio ha llevado hasta el Congreso de los Diputados 20.000 rúbricas para que el Gobierno obligue a este comité a revisar su caso. Les ha acompañado su hijo Antonio, en camilla. Firmas y su hijo. Lo único que les queda. Y la lucha.
“Tengo que luchar para que se haga justicia por mi hijo”, explica Juana, que no piensa moverse “hasta que alguien se levante de su sillón y arregle nuestro caso”. Ella y su marido han mandado cartas a todos los partidos políticos, al presidente Zapatero, al Defensor del Pueblo… y todavía nadie les ha contestado. Mientras esperan la respuesta, siguen viendo pasar los días ocupados en la atención a su hijo, que exige cuidados “las 24 horas del día”, y en explicar a todos los curiosos que se paran ante su templete para preguntar por qué están allí.
“Lo peor, las noches”
Este fin de semana, Antonio y Juana han “celebrado” sus 100 primeros días de acampada en la calle. Explican que lo peor de vivir en la calle son “las noches”: “Entre las ambulancias, los jóvenes que beben de más y los coches de policía, es imposible dormir tranquilo. Nos despertamos continuamente”, explica Antonio.
Luego está el problema del dinero. Se mantienen con la pensión de Antonio -700 €, después de haberse jubilado en julio- y con lo que sacan de la distribución de un libro escrito por su actual abogado y en el que explican su caso. Lo venden por 12 € en la plaza y rechazan cualquier otro tipo de limosna o donativo.
Pese a las dificultades, por su cabeza no pasa abandonar el lugar bajo ningún concepto, así que ya están pensando cómo soportarán el invierno madrileño. De momento se apañan con baterías de coche para calentar la comida, pero saben que cuando llegue el frío no serán suficientes. “Pero de aquí no nos vamos hasta que mi abogado no venga con un papel que diga que se ha arreglado nuestro caso”, cuenta Antonio con ojos llorosos. “Si no, todo esto no habrá servido para nada. Aguantaremos”.
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Tremenda historia, enhorabuena por acercarnosla