Compras de más de cien años
Madrid, principios de siglo. El centro es, como hoy, un auténtico bullicio. Pero los locales comerciales con más trasiego no se arremolinan en torno a Preciados ni a la Gran Vía, que por entonces ni siquiera existe. Las tiendas más interesantes, a las que acuden los habitantes de todos los pueblos de alrededor, son las que rodean a la Plaza Mayor e Imperial, Postas o San Miguel, tres de las más destacadas.
Hoy, cien años después, muchos de estos comercios siguen en pie, con su clásico escaparate de cristal con bordes de madera y su nombre escrito en letras doradas dentro de un gran cajón de cristal sobre el local. Es el caso de Cano, al principio de la calle Postas, antiguo comercio textil del siglo XIX, o el Gato Negro, junto al cual cometió un sonado robo el ingenioso Luis Candelas.
Más arriba, La Camerana, que ha perdido el diseño original pero no el nombre de sus fundadores, procedentes de la riojana Sierra de Cameros. Su escaparate muestra todavía orgulloso el enorme maniquí que le hizo famoso en toda la ciudad por vender tallas especiales y el loro al que se hacía referencia en una no menos conocida cuña publicitaria.
Son tres ejemplos de las decenas de comercios centenarios que rodean la Plaza Mayor y que se han convertido en auténtica historia viviente del centro de Madrid. Muchos son testigos de otra época, en la que las tiendas no disponían de escaparates y se abrían en los portales o incluso en los descansillos de las escaleras (en la calle Postas hay dos ejemplos de ello: un estanco y una tienda de recuerdos). Y la mayoría corren el riesgo de desaparecer.
Las amenazas a los comercios centenarios
La subida de precios inmobiliarios desorbitada de la zona centro, la pérdida de la tradición entre familias y la dejadez municipal a la hora de conservar elementos antiguos está acabando con muchos de estos comercios. En la calle Postas se pueden observar dos claros ejemplos: por un lado, Casa Orie, una droguería que fue vendida por sus antiguos dueños y reconvertida en tienda de souvenirs-todoacien con escaso respeto a sus elementos antiguos; por otro lado, la Relojería Herfor, donde la menor de la familia quería continuar la tradición, pero un contrato de renta antigua suscrito por sus padres se lo ha impedido.
Afortunadamente, no todos los antiguos comercios corren la misma suerte. En la cercana calle Zaragoza, las platerías brillan en todo su explendor. La más famosa de ellas, la de Pérez Fernández, muestra un lujo que poco tiene que ver con los humildes orígenes de su fundadora, La Sabiela, una coruñesa que llegó de La Coruña a Madrid para hacer fortuna.
También resiste (y son cinco generaciones ya) una de las pocas tiendas de ultramarinos no regentadas por asiáticos. Los Ferreros, en la calle Ciudad Rodrigo, entre las plazas Mayor y San Miguel, conserva unas curiosas pinturas en su techo de unos ángeles portadores de jamones, buena muestra -al igual que su frigorífico de madera- de la mucha historia que atesora tras sus vitrinas llenas de productos de primera calidad.
Estos son algunos ejemplos de comercios antiguos, pero hay muchos más en cualquiera de las calles del centro y que cualquier atenta mirada de un transeúnte descubrirá sin problemas la próxima vez que pasee al lado.
Más información:
* Todos estos comercios y alguno más aparecerán dentro de poco en un libro escrito por Carlos Osorio, madrileño, vecino de Malasaña, miembro de Acibu y gran conocedor de Madrid. Su paseo junto con una veintena de vecinos por los comercios antiguos del centro ha servido para la elaboración de este artículo. Si queréis saber más, podéis encontrar más información en su blog o en la publicación que verá la luz a principios de año y de la que os hablaremos en Somos Centro.



















Que pena que se vayan perdiendo este tipo de sitios.. son los que le dan personalidad y encanto a una ciudad..