Plaza de las Descalzas, de reyes, banqueros y mendigos
Detrás de Callao y al ladito de Preciados, muy cerquita de Sol también, se encuentra la Plaza de las Descalzas, que toma su nombre del monasterio que paradójicamente hoy día está ubicado -si hacemos caso a los letreros de las paredes- en la calle de la Misericordia, a la que se accede desde el Corte Inglés (por la puerta del popular Cortilandia). Por el otro lado, el lugar está delimito por la plaza de San martín.
La Plaza antes…
Extramuros, el lugar se encontraba en el arrabal de San Martín, con el convento y la iglesia del mismo nombre. Alfonso VII concedió en el siglo XII al monasterio una carta puebla para poblar la zona, que quedaba cerca de la villa por la puerta de Balnadú. Hasta finales del XV, en el que pasó a la jurisdicción del concejo madrileño, el prior de San Martín fue la autoridad del lugar. El solar que en su día ocupó la iglesia es la plaza de San Martín gracias a José Bonaparte, conocido como Pepe Plazuelas además de Pepe Botella, mientras que en el lugar del monasterio se construyó en el XIX el edificio de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Madrid.
Hasta las reformas de Bonaparte el emplazamiento fue un centro palaciego y de corte donde estuvieron las casas de muchos notables e incluso de reyes.
En el siglo XIX, en el centro de la plaza se instaló la mítica fuente de la Mariblanca, que tantos escenarios madrileños ha conocido (la Puerta del Sol o la Casa de la Villa), y tiempo después la estatua sobre pedestal del marqués viudo de Pontejos, hoy en un lateral de la plaza junto a otra de Francisco Piquer.
En años más recientes el lugar fue un sitio populoso donde era frecuente acudir a reclutar a mozos y carros con los que hacer las mudanzas y donde se dice había un conocido quiosco que servía una de las mejores aguas de cebada y horchatas de la capital.
El monasterio de las Descalzas Reales.
Llamado en realidad de Nuestra Señora de la Visitación, se trata de un convento de clausura de monjas clarisas que fue fundado en 1559 por Juana de Austria, hermana de Felipe II y viuda y madre de reyes portugueses. La propia Juana había nacido en el palacio que el tesorero de su padre, Carlos V, tuvo en el lugar.
El lugar fue tanto sitio de recojimiento como de fiestas y boato. En el entonces enorme recinto del monasterio además de religiosas hubo a lo largo de los años numerosas mujeres de sangre real, con sus séquitos y eventos sociales. Es por ello que el monasterio ha heredado la importante colección de arte. Las huertas del monasterio ocuparon una gran extensión que llegaban a la calle Preciados. Estos terrenos fueron vendidos por las monjas en el XIX y hoy están ocupados por bloques de viviendas.
Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Madrid.
Nació con el objetivo de hacer préstamos a las clases necesitadas sobre alhajas, ropas y otros objetos al seis por ciento anual. En 1838 el marqués viudo de Pontejos creó la Caja de Ahorros y en 1879 se fusionó con el prexistente Monte de Piedad, que había sido fundado en 1702 por Francisco Piquer (de ambos hoy se puede ver una estatua en la plaza).
Como se quedaba pequeño se hizo otro edificio sobre el solar de la Iglesia de San Martín donde se colocó la vieja portada barroca de Ribera que había estado en la capilla del Monte de Piedad, esta desapareció a finales del XIX para volver de nuevo en una remodelación en los sesenta.
….y la plaza hoy
Pese a que en la actualidad el monasterio pertenece a Patrimonio, gracias a lo cual es visitable, alrededor de una veintena de monjas clarisas de clausura siguen habitándolo. Tras los viejos muros debe de existir otra ciudad ajena al Madrid del XXI. De hecho sigue existiendo un huerto.
Por lo demás, la plaza transcurre entre el trajín del aparcamiento, en cuyas escaleras de acceso peatonales en el centro de la misma encontraremos mendigando sempiternamente a las mismas personas. Es frecuente también ver a indigentes durmiendo y viendo pasar su existencia en las inmediaciones de la portada de Ribera, tristemente integrada en el tosco edificio actual del Monte de Piedad y Caja de Ahorros. En las colas de la exposición del convento sólo hay extranjeros.
Probablemente en pocos lugares de Madrid el espacio público ha contemplado tanta historia, y sin embargo la fea costumbre del devenir de la historia matritense por despreciar sus plazas que más canas peinan hacen hoy del lugar un sitio donde solo a trocitos uno puede trasladarse a esos pasajes pretéritos.
















