Posada del Peine: desde el siglo XVII alojando forasteros
“Fundada en 1610. Entonces aún vivía Cervantes y se asentaba la capitalidad en Madrid.”
Leyenda del portalón de la posada.

EL reloj que adorna la posada
Casi como hoy, Madrid ha sido desde que la corte de trasladara a la villa lugar de paso contínuo. La burocracia y los mercados, antes como ahora, han atraido a viajeros que necesitaban de cama y mesa. A partir del siglo XVII surgen las posadas, casas de hospedaje que, a diferencia de los mesones que aunaban sueño y comida, sólo ofrecían un lugar en el que pasar la noche. Es entonces cuando nace la Posada del Peine.
El peculiar nombre de la posada proviene del detalle que en la posada tenían con sus clientes: un peine atado con una cuerda al lababo. Hoy en día las bañeras de hidromasaje y los ordenadores portátiles de las habitaciones han sustituido al peine como seña de confort.
Juan Posada abrió la posada a modo de establecimiento familiar en 1610 en la calle del Vicario Viejo, hoy conocida como Marqués Viudo de Pontejos. Hay quien dice que del apellido de este pionero heredaron las posadas su nombre, pero parece más verosimil que el término venga de posar, proveniente del posare latino, que significa descansar.
Un par de siglos después la Posada del Peine pertenecía a los hermanos Espinos, que la ampliaron con una casa contigua, la que da a la calle Postas, ocupada tradicionalmente en el Madrid del momento por los gremios de la mercería, la especiería y la droguería, y que le debe su nombre al hecho de encontrarse allí la primera casa de postas de correos de Madrid en el siglo XVI (en el actual número 16 de la calle). En Postas vivía la Barbarita en la Fortunata y Jacinta de Galdós, que también utiliza en sus páginas la posada para ambientar el Madrid de la Restauración.

Las filigranas de la fachada
La posada ha sufrido a lo largo del tiempo varias anexiones y reformas: en 1863 se subieron las alturas, en 1892 se construyó el templete del reloj que luego desapareció y antes de su reapertura en 2005 se acondicionó para albergar un hotel urbano con todas las comodidades del momento.
En los mejores momentos de la posada, antes del declive que trajo el siglo XX con el desarrollo hotelero, sus tres edificios albergaron 150 habitaciones, algunas, las que tenían balcón, eran ocupadas por las gentes algo más pudientes, y las interiores por las gentes más pobres que acudían a la capital desde el terruño. De estas últimas saió el dicho “esto parece la Posada del Peine”, para referirse a un habitáculo mísero en Madrid. Lo cierto es que fue mucha la gente humilde la que por allí pasó y hasta se podía , según algún cronista madrileño, pernoctar sentado con el brazo apoyado en una cuerda si el bolsillo no te daba para más.
En un lugar tan de leyenda como esta posada no podían faltar, como en cualquier historia del Madrid antiguo que se precie, los pasadizos. En la habitación 126 había un armario en cuyo interior se ocultaba una escalera que conducía a la última planta ¿cuántas historias pudo protagonizar la misteriosa escalera?
La posada cerraba sus puertas el año 1970 a la muerte de su dueña y tras pasar por manos de varias congregaciones religiosas acabó primero como taller de la relojería Girad y posteriormente como almacén y cascarón vacío hasta que en 2005 fue arreglado con mimo. Ahora es el Petit Palace Posada del Peine.
Hoy las filigranas en la fachada de la posada lucen brillantes al visitante que sale de la Plaza Mayor, que intuye certeramente que ese peculiar hotel encierra un pedazo de historia de Madrid.















Me gusta mucho como lo han dejado.
Deberían obtener licencia los restauradores de edificios antiguos como arquitectos del Ayuntamiento por ver si las fincas se construían con una estética menos feista y agresiva que la de los últimos años.
Hola Zalez, me dices que Barbarita de Fortunata y Jacinta no nace en el edificio de la Posada del Peine, pero yo no afirmo tal cosa en el artículo, o al menos no quería decirlo porque al releerlo me doy cuenta de que un punto inoportuno hace que pueda parecerlo (lo cambio). En el párrafo hablo brevemente de la calle Postas, y es ahí cuando digo que en ella vivía Barbarita. La posada si sirve para ambientar el ambiente de esas calles en la novela y eso es a lo que me refería.
Un saludo.
Barbarita… “Nació En la calle Postas esquina al Callejón de San Cristobal en uno de aquellos oprimidos edificios que parecían estuches o casa de muñecas”.Fortunata y Jacinta.
No es el edificio de la Posada del Peine