Calle del Caballero de Gracia, con la leyenda en el nombre

La vista de la calle |L.C.
Calle de tradición en Madrid donde las haya, la del Caballero de Gracia va desde Montera hasta Alcalá, en relación íntima con la Gran Vía, a la que sirvió de guía en su tramo, y que le sustituyó en importancia en la zona. Traseras de edificios de esta vía y algún pasadizo que deja asomarse de una calle a la otra lo recuerdan, como la trasera de la histórica tienda de regalos Samaral, muy descuidada en comparación con su puerta hermana de Gran Vía.
La calle Caballero de Gracia fue, como decimos, una vía importante en la ciudad desaparecida por la construcción de la Gran Vía. Había en su confluencia con la desaparecida de San Miguel una fuente pública muy conocida que traía a la zona el viaje del agua de la Fuente Castellana. Allí estaba también el Mesón del Caballero, que ofrecía cama y comida a las gentes que acudían a Madrid a vender y a resolver problemas burocráticos, lo que da idea de lo ajetreado de la calle en tiempos, y allí estuvieron, como recuerda una placa a la altura del número 21, La Fonda de la Amistad, en la que se alojó en 1840 el poeta romántico Théophile Gautier, o La Gran Cruz de Malta, una de las fondas más lujosas de su tiempo.
El caballero en cuestión
El personaje, protagonista de mil y una historias del viejo Madrid, fue Jacobo de Grattis, modenés y madrileño de adopción del que hasta sus credenciales vitales asombran: se dice que nació tras ser su madre desenterrada en un episodio de catalepsia y que alcanzó a vivir hasta más de la centena. Tuvo varias posesiones y su casa en la zona donde está su calle y aledaños (la calle Jardines recuerda los bellos jardines de estilo italiano de sus posesiones).
De entre todas las historias que de él se cuentan la más conocida es la de Doña Leonor Garcés, una bella dama casada con un hidalgo aragonés que vivía en arriendo en uno de sus inmuebles de la calle. El caballero Jacobo pretendía sus favores pero no encontraba en ella la atención que él quisiera, de manera que a través de una criada de ella a la que sobornó con oro pudo entrar una noche en su casa con un frasco de narcótico e intenciones poco decorosas. Al subir la escalera sigilosamente el caballero escuchó una voz que la tradición atribuye al mismo Dios, haciendo caerse el frasco y huir al caballero. A partir de ese momento la casa sería conocida como “La Casa del Espanto” en Madrid. Esta es la razón de que Jacobo de Grattis, arrepentido, pasara a ser el Caballero de Gracia, sobrenombre con el que se le conoció a partir del momento en el que se hizo sacerdote y dedicó su vida a fundar instituciones religiosas y benefactoras.

La vista del Oratorio desde Gran Vía | L.C.
Entre muchas otras fundaciones hizo en 1603 en la casa donde vivía en la confluencia con la calle Clavel, el hoy desaparecido convento de San José de los padres del Espíritu Santo, que posteriormente fué ocupado por unas monjas conocidas popularmente como “las monjas del Caballero de Gracia”. El convento retomó su fama en el siglo XIX gracias a Sor Patrocinio, “la monja de las llagas”, uno de los personajes más curiosos y envueltos en sucesos mágicos del Madrid Isabelino.
El oratorio
Otra de las fundaciones del Caballero de Gracia (póstuma, pues se hizo con su herencia) fue el oratorio que lleva su nombre en 1662, y que fué sustituido por el actual de Juan de Villanueva en 1795. Esta preciosa basílica a la romana con entrada por Gran Vía y por Caballero de Gracia se salvó de la piqueta con la construcción de la Gran Vía gracias a una curiosa solución arquitectónica que lo encajona en un gran arco alineado con el resto de edificios de la calle que deja al descubierto la iglesia. Todo un remanso de paz semioculto en la calle más pagana de Madrid.

Casa Dos Portugueses | L.C.
Caballero de Gracia y la arquitectura
Desde que uno entra en la calle por Montera el horizonte final de la larguirucha vía está presidido por la mítica silueta del esquinazo del Edificio Metrópolis, donde confluyen Alcalá, Gran Vía y nuestra calle de hoy, pero hay además de este y del oratorio otras joyitas de la arquitectura posterior en la calle, como la Casa Dos Portugueses, en la esquina con Virgen de los Peligros, o el Banco Mercantil e Industrial, de Antonio Palacios, que en la actualidad alberga dependencias administrativas de la Comunidad de Madrid.
La Casa Dos Portugueses son en realidad dos edificios similares de trazas modernistas que el arquitecto Luis Bellido y González (el mismo del Matadero) levantó entre 1919 y 1922. El esquinazo de la esquina en chaflán rematado con un imponente torreón llama mucho la atención por extraño entre tanta fachada blanca de la zona. El edificio de Palacios por su parte, tiene una fachada en Alcalá con un arco inspirada en el del Oratorio del Caballero de Gracia en Gran Vía y otra vista mucho más sencilla en esta calle.
La calle del Caballero de Gracia, hoy venida a menos con respecto a la importancia que tuvo antaño, sigue ofreciendo sorpresas acordes con su leyenda a poco que saltemos el muro que la separa de la Gran Vía.














