Aquellos cafés de tertulia

El famoso cuadro de Gutierrez Solana de la tertulia del Pombo |WIKIPEDIA.ORG
Si hay un elemento recurrente en la memoria sentimental del Madrid de finales del siglo XIX y principios del XX (el Madrid más literario desde el Siglo de Oro) son los cafés ¿a quien no le han explicado las viejas tertulias como algo más madrileño que la Puerta del Sol? Una ciudad a caballo entre el Romanticismo y la modernidad comienza poco a poco a abrir vanos en su abigarrado caserío y a mimar los espacios, públicos y privados. Las viejas botillerías y tabernas se llenan de mesas de marmol, cálidas lámparas de gas y acogen a la sociedad madrileña al completo en sus divanes y mesas.
Seguramente no todos los cafés tenían el refinado ambiente que nos viene a la mente, y menos aún los primeros en la primera mitad del XIX, que heredaron el ambiente de las tabernas. Los pioneros cafés se instalaron en el XVIII en la plaza de Santo Domingo y en la Fonda de San Sebastián. Pronto el chocolate, mucho más del gusto de los madrileños hasta entonces, va perdiendo litros per cápita frente al café, cuyo grano también llega de América.

En los bajos del Hotel París estuvo el Café de la Montaña | WIKIPEDIA.ORG
La imagen que tenemos de los cafés románticos es la del cuadro de Gutierrez Solana, la de Gómez de la Serna gobernando su tertulia de escritores en el Pombo, y acaso la de un lugar donde se organizaban revoluciones y acudían toreros famosos con sus amantes. Y es verdad, pero también es el lugar que acogió a la sociedad madrileña. Allí se reunían los tenderos al cerrar, jugaban al billar los hampones con los estudiantes de la Universidad Central, tomaban las señoras horchata en verano y llevaban mujeres de todas las condiciones sociales a sus hijas casaderas en busca de partido. Al caer la noche llegaba la gente que salía del teatro o del cinematógrafo a comentar el espectáculo y en vez de chocolate se servían bebedizos alcoholicos.
En la Puerta del Sol estuvieron algunos de los cafés más frecuentados por los madrileños, como el famoso Café de la Montaña, que ocupaba los bajos del Hotel París, y que ha pasado a la historia porque allí tuvo el altercado por el que perdió un brazo Valle Inclán. A este café le llamaron popularmente sus clientes El café de la pulmonía por sus dieciséis puertas que daban a Alcalá y la Carrera de San Jerónimo. Otros cafés de la Puerta del Sol fueron el Levante, que desde principios de siglo frecuentan personalidades como Mesonero Romanos o el mismo Goya, o el Lorenzini o “de los progresistas”, en una de cuyas mesas se cantó por primera vez el Himno de Riego en 1820.

EL Café Fornos en 1908 | URBANCIDADES.WORDPRESS.COM
Muy cerca estuvo el famoso Café Pombo, que tuvo su origen en una antigua botillería del XVIII y donde se dice que los románticos Larra y Espronceda vivieron momento tórridos con sus amadas. Al café, conocido popularmente como El café de los cagones porque su sorbete de arroz era mano de santo para la colitis, se le recordará sobre todo por las tertulias de Gómez de la Serna inmortalizadas en el célebre cuadro por Gutierrez Solana. La tertulia, que se celebraba los sábados, comenzó en 1915 y duró 22 años.
Muchos, muchísimos más, fueron los cafés notables en el barrio, a saber: el de París en el pasaje Matheu; el Varela preñado de estudiantes en Preciados y que fue colectivizado por sus trabajadores durante los años de la Guerra Civil, o el Eslava, que creció sobre una fábrica de instrumentos y tras ser teatro ha llegado a nosotros como la famosa discoteca del mismo apellido.
Poco queda de aquellos cafés de antaño salvo algunos locales que guardan su espíritu. Durante la segunda mitad del siglo XX Madrid se llenó de cafeterías, que es algo mucho más luminoso y apresurado, hoy nadie sabe al pasar por el Starbucks de Alcalá que está pasando por lo que fuera el Fornos, y que frente a este compitió en fama a principios del XX el Café Suizo..
Para saber más sobre los viejos cafes de Madrid:
Los viejos cafés de Madrid. Ángel del Río López
En la web de la Universidad Complutense















Sería interesante, al menos para mí, saber en consistían realmente esas tertulias, que dinámica, que objetivo tenían, quien y como participaba…